Mientras...


... yo cantaba sobre mi triste soledad. Anunciando la muerte lenta de mi pulmón alojado al lado izquierdo de mi pecho, él único que tenía. Mis dos corazones dejaban de bombear aire e intentaban dar señales de vida, pero todo era inútil.

Bailaba bajo la lluvia con todas esas medusas, ellas solo me acompañaban en mi infantil final. Sí, así lo había decidido, moriría bajo la lluvia... bajo esa enorme cascada de lágrimas, que había derramado desde mi niñez. Sin querer beberlas, las estuve admirando hasta que mi pulmón dejaba de respirar ese fluido rojizo que alguien, alguna vez, me había obsequiado a cambio de una sonrisa.

Me desvanecía. Odiaba sentir como se nublaba mi vista, no quería dejar de visualizar esa hermosa danza que me ofrecían mis medusas. Todo se tornó obscuro... todo se perdió de mi mente.

Desperté en una escandalosa ciudad, o creía que era una ciudad. No pude evitar transitar por esas ignorantes calles, llenas de jóvenes sin gramo de cerebro en sus cabezas. Cráneos que solo están de adorno, & nada más. Cuerpos sin vida real que solo se disponen a perseguir metas falsas en esta, supuestamente, grandiosa sociedad. Discutiendo que su vida es mejor que la de los demás & presumiendo su ahuecado significado de cómo divertirse en ésta despreciable marea mundana.

Lo único que queda es ignorar esas malas vibraciones, solo queda pensar en uno mismo & sus seres queridos... continuar caminando. Llegando a una esquina, se encontraba un señor vendiendo maíz tierno; era curioso ver al señor con su foco conectado al poste & su olla con todas esas mazorcas. Hacía frío & mientras el señor atendía a toda esa clientela desesperada, yo me dispuse a calentar mis manos con el vapor tierno que salía de esa olla. Tierno como esos... elotes.

Perdido entre el juego de mis manos con el vapor & el descubrir si estaba muerto o no, alguien me sorprendió con un canturreo en un idioma que me confundió, pero que después reconocí. Esa chica, cabello obscuro, corto, lacio, ojos café, tez morena, cuerpo delgado... sumamente delgado, me recordaba a alguien, esa melancolía en sus ojos,... esos gruesos labios cantando, sin importarle en donde se encontraba. Ese idioma con el que crecí. Mientras los demás seres humanos la veían extraño.

Me di cuenta que estaba en un mundo... totalmente... desconcertante...


Άгιмuгα